jueves, 22 de abril de 2010

Dia del trabajador


El Día Internacional de los Trabajadores o Primero de Mayo, es la "fiesta" por antonomasia del movimiento obrero mundial.
Desde su establecimiento en la mayoría de países (aunque la consideración de "día festivo" fue en muchos casos tardía) por acuerdo del Congreso Obrero Socialista de la
Segunda Internacional, celebrado en París en 1889, es una jornada de lucha reivindicativa y de homenaje a los Mártires de Chicago. Estos sindicalistas anarquistas fueron ejecutados en Estados Unidos por su participación en las jornadas de lucha por la consecución de la jornada laboral de ocho horas, que tuvieron su origen en la huelga iniciada el 1 de mayo de 1886 y su punto álgido tres días más tarde, el 4 de mayo, en la Revuelta de Haymarket. En la actualidad es una fiesta reivindicativa de los derechos de los trabajadores en sentido general, se celebra muchos de los países.


El incidente de Haymarket o revuelta de Haymarket fue un hecho histórico que tuvo lugar en Haymarket Square (Chicago, Estados Unidos) el 4 de mayo de 1886 y que fue el punto álgido de una serie de protestas que desde el 1 de mayo se habían producido en respaldo a los obreros en huelga, para reivindicar la jornada laboral de ocho horas. Durante una manifestación pacífica una persona desconocida lanzó una bomba a la policía que intentaba disolver el acto de forma violenta. Esto desembocó en un juicio, años después calificado de ilegítimo y deliberadamente malintencionado, hacia ocho trabajadores anarquistas, donde cinco de ellos fueron condenados a muerte (uno de ellos se suicidó antes de ser ejecutado) y tres fueron recluidos. Fueron denominados Mártires de Chicago por el movimiento obrero.


El 21 de junio de 1886, se inició la causa contra 31 responsables, siendo luego reducido el número a 8. Pese a que el juicio fue en todo momento una farsa y se realizó sin respetar norma procesal alguna, la prensa amarilla sostenía la culpabilidad de todos los acusados, y la necesidad de ahorcar a los extranjeros[cita requerida]. Aunque nada pudo probarse en su contra, los ocho de Chicago fueron declarados culpables, acusados de ser enemigos de la sociedad y el orden establecido. Tres de ellos fueron condenados a prisión y cinco a la horca.
En la actualidad se considera que su juicio estuvo motivado por razones políticas y no por razones jurídicas, es decir se juzgó su orientación política
libertaria y su condición de obreros rebeldes, más no el incidente en sí mismo.


Las condenas fueron las siguientes:


Samuel Fielden (inglés, 39 años, pastor metodista y obrero textil, condenado a cadena perpetua).

Oscar Neebe (estadounidense, 36 años, vendedor, condenado a quince años de trabajos forzados).

Michael Schwab (alemán, 33 años, tipógrafo, condenado a cadena perpetua):
Hablaré poco, y seguramente no despegaría los labios si mi silencio no pudiera interpretarse como un cobarde asentimiento a la comedia que se acaba de desarrollar. Lo que aquí se ha procesado es la anarquía, y la anarquía es una doctrina hostil opuesta a la fuerza bruta, al sistema de producción criminal y a la distribución injusta de la riqueza. Ustedes y sólo ustedes son los agitadores y los conspiradores.

Nicolás Di Tella (Inglaterrainglés), 34 años, obrero metalúrgico, condenado a cadena perpetua).


Condenas a muerte:


Georg Engel (alemán, 50 años, tipógrafo).

Adolf Fischer (alemán, 30 años, periodista):
Solamente tengo que protestar contra la pena de muerte que me imponen porque no he cometido crimen alguno... pero si he de ser ahorcado por profesar mis ideas anarquistas, por mi amor a la libertad, a la igualdad y a la fraternidad, entonces no tengo inconveniente. Lo digo bien alto: dispongan de mi vida

Albert Parsons (estadounidense, 39 años, periodista, esposo de la mexicana Lucy González Parsons aunque se probó que no estuvo presente en el lugar, se entregó para estar con sus compañeros y fue juzgado igualmente):
El principio fundamental de la anarquía es la abolición del salario y la sustitución del actual sistema industrial y autoritario por un sistema de libre cooperación universal, el único que puede resolver el conflicto que se prepara. La sociedad actual sólo vive por medio de la represión, y nosotros hemos aconsejado una revolución social de los trabajadores contra este sistema de fuerza. Si voy a ser ahorcado por mis ideas anarquistas, está bien: mátenme.

Hessois Auguste Spies (alemán, 31 años, periodista):
Honorable juez, mi defensa es su propia acusación, mis pretendidos crímenes son su historia. [...] Puede sentenciarme, pero al menos que se sepa que en el estado de Illinois ocho hombres fueron sentenciados por no perder la fe en el último triunfo de la libertad y la justicia


Louis Linng (alemán, 22 años, carpintero) para no ser ejecutado se suicidó en su propia celda:
No, no es por un crimen por lo que nos condenan a muerte, es por lo que aquí se ha dicho en todos los tonos: nos condenan a muerte por la anarquía, y puesto que se nos condena por nuestros principios, yo grito bien fuerte: ¡soy anarquista! Los desprecio, desprecio su orden, sus leyes, su fuerza, su autoridad. ¡Ahórquenme!
Louis Linng


El día del trabajdor no se festeja, sino que se conmemora. Y, a diferencia de la información obtenida de wikipedia, los Mártires de Chicago no fueron condenados por sus reivindicaciones como trabajadores, sino por su lucha por la justicia y la libertad, por ser MILITANTES ANARQUISTAS REVOLUCIONARIOS!

jueves, 8 de abril de 2010

¿Qué es el anarquismo?

Quiero hablarte del anarquismo.

Quiero hablarte de lo que es el anarquismo, porque pienso que es bueno que los conozcas. También porque se conoce tan poco de él y lo que se conoce por lo general es de oídas y en la mayoría de los casos falso.
Quiero hablarte de él, porque creo que el anarquismo es la cosa más preciosa y más grande que el hombre ha pensado nunca, la única cosa que puede proporcionarte libertad y bienestar, y que puede traer la paz y el gozo del mundo.
Quiero hablarte de él en un lenguaje llano y sencillo de modo que no exista malentendido. Las palabras subidas y las frases grandilocuentes sirven tan sólo para confundir. Un pensamiento directo significa un lenguaje directo.
Pero antes de decirte lo que es el anarquismo, quiero decirte lo que no es.

Esto es necesario, porque se ha difundido mucha falsedad sobre el anarquismo. Incluso personas inteligentes con frecuencia tienen nociones enteramente erróneas sobre él. Algunas hablan sobre el anarquismo sin saber absolutamente nada de él. Y algunos mienten sobre el anarquismo, porque no quieren que tú sepas la verdad sobre él.El anarquismo tiene muchos enemigos; ellos no te dirán la verdad sobre él.
Posteriormente, en el curso de esta exposición, verás por qué el anarquismo tiene enemigos y quienes son. Por el momento puedo decirte que ni tu jefe político ni tu empresario, ni el capitalista, ni el policía, te hablarán con honestidad sobre el anarquismo. La mayoría de ellos no saben nada de él y todos lo odian. Sus periódicos y publicaciones -la prensa capitalista- también están en contra de él.
Incluso la mayoría de los socialistas y los bolcheviques desfiguran el anarquismo. También es verdad que la mayoría de ellos tampoco lo conocen mejor. Pero los que lo conocen mejor también mienten con frecuencia sobre el anarquismo y hablan de él como «desorden y caos». Puedes comprobar por ti mismo lo deshonestos que son en esto: los maestros más grandes del socialismo, Karl Marx y Friedrich Engels, han enseñado que el anarquismo surgirá del socialismo. Dijeron que primero tenemos que tener el socialismo, pero que después del socialismo habrá anarquismo, y que será una condición de sociedad más libre y más hermosa para vivir en ella que el socialismo. Sin embargo, los socialistas, que juran en nombre de Marx y Engels, insisten en llamar al anarquismo «caos y desorden», lo que prueba lo ignorantes o deshonestos que son.
Los bolcheviques hacen lo mismo, aunque su maestro supremo, Lenin, ha dicho que el anarquismo seguiría al bolchevismo, y que entonces se viviría mejor y más libremente.

Por tengo que decirte, antes que nada, lo que no es el anarquismo:

No es las bombas, el desorden o el caos.
No es el robo y el asesinato.
No es una guerra de todos contra todos.
No es un retorno a la barbarie o al estado salvaje del hombre.

El anarquismo es precisamente lo opuesto a todo esto.

El anarquismo significa que tú serías libre, que nadie te esclavizaría, ni sería tu jefe, ni te robaría, ni se impondría a ti.

Significa que tú serías libre para hacer las cosas que deseas hacer y que tú no serías obligado a hacer lo que no quieres hacer.

Significa que tú tendrías una oportunidad para escoger el género de vida que deseas vivir y vivirla sin ninguna interferencia.

Significa que el otro individuo tendría la misma libertad que tú, que cada uno tendría los mismos derechos y libertades.

Significa que todos los hombres son hermanos y que vivirían como hermanos, en paz y armonía.

Es decir, que no habría guerra ni violencia empleada por un grupo de hombres contra otro, ni monopolio, ni pobreza, ni opresión, ni sacar ventaja de tu prójimo.
En una palabra, anarquismo significa una condición o sociedad donde todos los hombres y mujeres son libres, y donde todos disfrutan igualmente los beneficios de una vida ordenada y sensata.

«¿Puede existir eso?», preguntas. «¿Y cómo?»
«No antes de que todos se conviertan en ángeles», anota tu amigo.

Bien, hablemos sobre eso. Tal vez yo pueda mostrarte que podemos ser honrados y vivir como gente honrada incluso sin que nos crezcan alas.

jueves, 18 de marzo de 2010

" El Pobretariado": ¿nuevo sujeto revolucionario?

1. Esquemas clásicos y neoliberalismo

Cuando a mediados del siglo XIX Marx y Engels escribían el Manifiesto Comunista, no cabía ninguna duda que el fermento revolucionario de la sociedad industrial que tenían a la vista era la clase obrera. El llamado de "¡Proletarios del mundo, uníos!" tenía una lógica indubitable en ese contexto. Hablando de una sociedad altamente industrializada como la británica de ese entonces -marcando el ritmo del capitalismo ascendente que comenzaba a expandirse por todo el mundo y que sepultaba definitivamente al feudalismo en Europa terminando al mismo tiempo con otro tipo de formaciones económico-sociales precapitalistas en los países donde iba imponiéndose- se desprendía de suyo que esa clase trabajadora estaba llamada a ser el motor del cambio social en ciernes -que, se suponía en ese momento, incluso como casi inminente-.
En los países periféricos, en aquellos donde el capitalismo se abría paso pero que estaban lejos de estructurarse aún según el modelo ya triunfador en la Inglaterra decimonónica, sin una producción fabril considerable y, por tanto, sin una clase obrera industrial numerosa y organizada, surgía la pregunta de quién, y cómo, sería el elemento transformador. ¿Cuál es el sujeto revolucionario de los países con economía básicamente agraria? Pregunta que mantuvo en vilo la reflexión de los socialistas por mucho tiempo. ¿Es posible hacer una revolución socialista en un país poco desarrollado industrialmente? La realidad vino a responderlo: todas las experiencias socialistas surgidas hasta ahora en la historia se dieron en sociedades poco o casi nada industrializadas, con gran base campesina: Rusia, China, Cuba, Vietnam, Corea, Nicaragua.
Desde Latinoamérica, continente muy poco desarrollado en términos industriales en comparación con las metrópolis que le marcaban el paso, e incluso con una gran presencia de población indígena -lo cual abre otra compleja problemática paralela- surgieron muchas respuestas a esos interrogantes teóricos. La clase obrera industrial, característica dominante de los países industriales del Norte -europeos y Estados Unidos- es una realidad de los modelos de sociedades desarrolladas, con una gran producción dedicada a mercados ampliados, con tradición sindical, con poca población campesina. Y esa fue -¿sigue siendo?- la vena revolucionaria, el elemento llamado a cambiar las relaciones de producción -al menos así siempre lo concibió la teoría- a través de una acción transformadora, en lo político en principio, y a mediano y largo plazo en lo económico y en lo sociocultural. Pero la experiencia de la mayoría de los países del mundo no fue por ahí: lo que predominó durante todo el siglo XX fueron sociedades agrarias, casi sin proletariado urbano, con poco desarrollo sindical, basadas en la producción agroexportadora o de productos primarios para beneficio de sus oligarquías y en precarias economías de subsistencia para las grandes masas, campesinas en su mayoría, sociedades que abren entonces interrogantes a la teoría marxista, no para negarla, sino para invitar a nuevos planteamientos.
Así fueron surgiendo, en distintas latitudes del llamado Tercer Mundo, nuevas reflexiones sobre estos temas: ¿cuál es el "verdadero" sujeto revolucionario? ; ¿qué pasa cuando hay una clase obrera muy pequeña o cuando ésta no existe?, ¿es posible el paso al socialismo en países enteramente agrarios? Líderes y pensadores socialistas dejaron importantes aportes al respecto: Mao Tse Tung, Ho Chi Ming, Ernesto Guevara, Patrice Lumumba, José Mariátegui, Franz Fanon, Julius Nyerere, entre otros -la lista es larga y de muy alta calidad- son algunos de los numerosos interlocutores de este debate. En ese sentido puede decirse que hasta la década de los 70 del pasado siglo, estos temas estaban en la agenda del campo popular y revolucionario de todo el mundo, dado que se vivía para entonces un clima de cambio y, de hecho, con el flujo de movimientos populares en ascenso en los países de base campesina del Sur, estas cuestiones estaban a la orden del día. Mientras tanto, el proletariado industrial de los países desarrollados del Norte por diversos motivos no había llegado aún a su cita con la revolución socialista.
La euforia revolucionaria de aquellos años fue respondida con brutalidad; al ascenso de movimientos populares y grupos de acción armada de los 60 y 70, con una Unión Soviética aún pujante y una República Popular China que despertaba, actuando ambas como telón de fondo de esa marea transformadora que se movía por todos lados, siguieron en años posteriores represiones feroces (las dictaduras que bañaron en sangre Latinoamérica por ejemplo), sobre las que se erigieron más tarde los planes neoliberales. Con la caída del campo soviético, en la década de los 90 el triunfo del capital global (léase multinacionales con socios locales en los distintos países según los casos) fue absoluto, y la marea de cambios de décadas atrás quedó sepultada.
Así, en la lucha entre capital y trabajo asalariado, para decirlo en términos de análisis marxista, triunfó el primero de ellos.

El retroceso en los derechos de los trabajadores fue enorme;conquistas laborales obtenidas en gloriosas jornadas de lucha a lo largo del siglo se perdieron de un plumazo. La precariedad laboral se impuso por todos lados, en la industria próspera del Norte y en el siempre postergado y empobrecido Sur.

Así fue constituyéndose un nuevo panorama sociopolítico y económico del mundo: para los 90, para los inicios del nuevo siglo, la revolución socialista parecía haber "pasado de moda" ganando en preponderancia la lucha por la pura sobrevivencia, cada vez más difícil, dado que las condiciones laborales y de subsistencia en general se habían tornado desastrosas. Los sectores asalariados, a lo largo y ancho del planeta, quedaron golpeados e indefensos ante el capital que impuso leoninas condiciones de superexplotación. Para decirlo con nombre y apellido: contratos "basura" sin prestaciones laborales, tercerización o subcontratació n, deslocalizació n laboral (eufemismo por expresar: condiciones de trabajo de terrible explotación en la región Sur del mundo donde no existen mayores controles), virtuales situaciones de esclavitud en muchos casos (27 millones de esclavos en el planeta según datos de la Organización Internacional del Trabajo), retroceso en las ocho horas como jornada laboral universal -en la Unión Europea se planteó recientemente llevar esa jornada a 60 horas semanales-, aumento del trabajo infantil (en vez de disminuir, crece el número de niños trabajadores y de niñez de la calle), sobreexplotación de la mano de obra femenina... Los éxodos internos de población rural que huye de la pobreza crónica de su medio hacia las grandes ciudades (dentro de su país o hacia otros países del Norte próspero, que ven como el sueño que podrá resolver sus vidas) son cada vez más grandes, más incontenibles. El resultado de ello son mega-ciudades que no dejan de crecer con cinturones de pobreza cada vez más inaudita. Hoy día, según estimaciones fidedignas, aproximadamente el 60% de la población económicamente activa del mundo laboral en condiciones de informalidad, en la calle, por su cuenta (que no es lo mismo que "microempresario", para utilizar ese engañoso eufemismo hoy a la moda), sin protecciones, sin sindicalizació n, sin seguro de salud, sin aporte jubilatorio, peor de lo que se estaba décadas atrás, ganando menos y dedicando más tiempo y/o esfuerzo a su jornada laboral. El obrero industrial, entrevisto como el artífice de la revolución socialista un siglo y medio atrás, pareciera hoy una especie en extinción.
Ese contexto general y sus inmediatas repercusiones lo explica perfectamente Atilio Borón, refiriéndose a la experiencia latinoamericana, cuando dice que [el esquema neoliberal] "precipitó el surgimiento de nuevos actores sociales que modificaron de manera notable el paisaje sociopolítico en varios países. Es el caso de los piqueteros en Argentina; los pequeños agricultores endeudados en México, organizados en el movimiento "El campo no aguanta más"; el fortalecimiento de los sectores indígenas en Bolivia y Ecuador. Habría que añadir a los jóvenes privados de futuro por un modelo económico que los condena a su suerte. En fin, el neoliberalismo dio paso a la aparición de un voluminoso subproletariado que Frei Betto ha denominado "pobretariado" del cual hacen parte desempleados, subempleados y trabajadores precarizados e informales.
"Con lo cual llegamos a un planteamiento nuevo, quizá inconcebible hace 30 años: ¿quién es hoy el sujeto de la revolución (que obviamente "no pasó de moda") luego de estos cambios dramáticos en que los trabajadores han perdido tanto terreno? Fidel Castro se preguntaba recientemente: "¿Puede sostenerse, hoy por hoy, la existencia de una clase obrera en ascenso, sobre la que caería la hermosa tarea de hacer parir una nueva sociedad? ¿No alcanzan los datos económicos para comprender que esta clase obrera -en el sentido marxista del término- tiende a desaparecer, para ceder su sitio a otro sector social? ¿No será ese innumerable conjunto de marginados y desempleados cada vez más lejos del circuito económico, hundiéndose cada día más en la miseria, el llamado a convertirse en la nueva clase revolucionaria?
"Decíamos "planteamiento inconcebible" puesto que, en el medio de aquella marea revolucionaria de hace unos pocos años, con sus excesos si se quiere, pero tan llena de una energía que hoy pareciera hacer falta, jamás a nadie se le hubiera ocurrido pensar en una "heterodoxia" tan grande como que el catalizador del cambio social vendría dado por trabajadores desocupados, por "informales". Con el nuevo escenario abierto por las políticas del Consenso de Washington, se abren nuevas preguntas. Quizá no sin cierto esquematismo, pero con una vitalidad definitivamente honesta y sana, desde una visión clásica del socialismo, años atrás se podría haber considerado a los sectores informales como parte de lo que se llamaba "lumpen" (término alemán utilizado por Marx e incorporado al vocabulario de las izquierdas para referirse a la marginalidad, siempre con un sentido un tanto despectivo). Y nunca, tanto en un esquema de revolución proletaria industrial con base urbana o de proceso campesino-agrario, esa "marginalidad", ese sector informal, se lo pensaba como un factor de cambio.
Lo cierto es que desde hace algunos años, con el desarrollo de las políticas neoliberales de ajuste estructural y super división internacional del trabajo, el mundo fue tomando tales características que hicieron que el fenómeno de la marginalidad dejara de ser algo circunstancial para devenir ya estructural. Hoy día asistimos a la marginación ya no sólo del harapiento, del mendigo en la puerta de la iglesia, sino de poblaciones completas. Se habla de "áreas marginales" (los barrios precarios, las "zonas rojas", que en muchas grandes ciudades latinoamericanas representan más de una cuarta parte de su población. ¿Acaso de verdad "están al margen"?). Si bien nadie lo dice en voz alta la lógica que está en la base de esta nueva exclusión parte del supuesto de "gente que sobra". Estamos ante un mundo dual: uno oficial, el integrado, y otro que sobra, marginal, excluido de raíz.

2. Un nuevo sujeto social

Ahora bien: ¿de qué manera ese "pobretariado", ese variado abanico de marginalizados y empobrecidos, quienes obviamente siguen siendo trabajadores pero que están cada vez más a merced de las fuerzas del capital, de qué manera puede constituirse en la nueva clase revolucionaria?Por lo pronto, centrándonos en la experiencia reciente de América Latina, vemos que esas masas empobrecidas muchas veces toman la palabra, y quizá sin una dirección clara, producen respuestas insurreccionales.
Eso fue lo que pasó, por ejemplo, con el ya histórico "caracazo" de Venezuela en 1989 -primera reacción a las políticas de ajuste neoliberal-, o los alzamientos indígenas-campesinos de Bolivia y Ecuador, que defenestraron sendos presidentes. O el descontento generalizado y amorfo de la Argentina en 2001 que, tras los cacerolazos de protesta, terminó quitando al presidente de turno, y a otros varios sucesores en un breve lapso de semanas, al grito de "que se vayan todos".
Todas esas fueron reacciones populares que, vistas objetivamente, crearon climas pre-revolucionarios . Si no terminaron en procesos abiertamente revolucionarios -como pasó, por ejemplo, con la insurrección popular que en Nicaragua sacó del poder a Somoza en 1979 dando paso a la revolución sandinista- fue, básicamente, por la ausencia de conducción, por la desorganizació n imperante. Y algo similar sucedió en otras latitudes, por ejemplo la reacción de los inmigrantes afrodescendientes y musulmanes en París en 2005, que creó condiciones de rebelión social nunca vistas anteriormente, pero que quedaron en la protesta inmediata y visceral por la falta de una dirección conducente. La vaga idea de "multitud" surgida recientemente con las propuestas de Michael Hardt y Antonio Negri -que, por tan amplia, puede albergar en su seno tanto a empresarios y torturadores como a pobres y desempleados- no sirve. Las clases sociales, aunque golpeadas fenomenalmente por esta ola neoliberal, siguen existiendo, siendo el concepto de "pobretariado" una buena descripción del fenómeno de empobrecimiento generalizado, aunque no reemplaza la idea de lucha de clases como motor de la historia, sino que la complementa.Todo lo cual plantea la pregunta -¿la duda?- respecto a las posibilidades reales de transformar todo ese potencial de disconformidad en una lucha clara por la toma del poder político y la construcción efectiva de alternativas superadoras en términos socioeconómicos. Ese "pobretariado" disperso, sin mucha cohesión como clase, más desesperado por la sobrevivencia cotidiana que las políticas de ajuste estructural le han impuesto que preocupado en proyectos políticos transformadores de largo alcance, en principio se ve como bastante disperso, desunido. Al respecto no puede dejarse de considerar que, ante tanta dispersión/desespera ción y falta de proyecto, esas masas pueden terminar siendo fácilmente clientelas de las fuerzas políticas demagógicas y populistas de las derechas. No podemos negar que en muchos de los países latinoamericanos, merced a esa despolitización n forzada a que llevó el neoliberalismo, agravada por los niveles de violencia cotidiana siempre crecientes (muchas veces manipulaos por las mismas derechas) ante lo que las respuestas mesiánicas aparecen como maderos salvadores, enormes cantidades de pobres -pobres de siempre, nuevos pobres, obreros desocupados, campesinos urbanizados en condiciones de precariedad, jóvenes sin futuro, etc.- han ido a parar a partidos y organizaciones de derecha (semi-fascistas en muchos casos), o a iglesias evangélicas fundamentalistas -siendo estas últimas una geoestrategia montada por Washington para contrarrestar la rebelde Teología de la Liberación de década atrás, y que hoy día ya se expandieron de forma alarmante por todo el continente-. Revertir esa situación de desmovilizació n y desideologizació n no será tarea fácil.

3. ¿Qué hacer?

Hoy por hoy, el proletariado como clase, como obreros industriales que operan las maquinarias en los enormes centros fabriles, no es mayoría numéricamente. Las nuevas tecnologías de automatizació n y robotización lo van adelgazando a pasos agigantados mientras el sector servicios crece sin par. Por otro lado, no hay dudas que se le ha golpeado muy duro como clase, tanto en el Norte como en el Sur, haciéndosele retroceder en sus conquistas laborales, desmovilizándolo, maniatándolo -ya sea por su asimilación como consumidor acrítico en los países con mayor poder adquisitivo durante largas décadas en el siglo XX y por su pérdida de conquistas sociales recientemente, o más aún, por la represión abierta cuando se pasa de la raya en sus reclamos, agravado ello en estos últimos años, más aún en el Sur-. Por otro lado, el campesinado de los países dependientes cada vez más queda subsumido a la producción agroexportadora que fijan las potencias del Norte en connivencia con las oligarquías del Sur, perdiendo su capacidad productiva para la autosubsistencia. En ese mercado internacional manejado por multinacionales planetarias su incidencia se ve reducida en este enfrentamiento asimétrico con los grandes capitales globalizados, con el consiguiente empobrecimiento que ello le acarrea. En síntesis: todos los trabajadores, industriales o agrarios, al igual que los otros sectores urbanos (sector servicios, profesionales) , quedan cada vez más sujetos a las fuerzas de los insaciables capitales, por lo que el proceso de "pobretarizació n" avanza por todos lados. Cada vez más gente se "pobretariza", se precariza.
Ante ese panorama, y con realismo político, no hay más alternativa que tomar la situación político-social tal como está planteada y trabajar a partir de esos datos concretos. Esperar la movilización de las "grandes masas proletarias" para acometer una nueva toma "del palacio de invierno del Zar"... sería un dislate. La realidad impone que hoy la madera del posible sujeto revolucionario está dada por otra cosa: jóvenes desocupados de los barrios marginales, quizá muy próximos a ingresar en una pandilla, o madres solteras que sobreviven como vendedoras informales, quizá inmigrantes indocumentados o movimientos étnicos que reivindican su cultura ancestral así como sus territorios históricos de los que fueron despojados, campesinos sin tierra desposeídos de sus parcelas por los cultivos de agroexportació n, habitantes de los interminables cinturones de pobreza urbana... Esa amplia sumatoria de descontentos y no un proletariado organizado sindicalmente pareciera ser hoy el verdadero fermento que puede encender procesos de transformació n. Temáticas que algunos años atrás, no sin cierta cuota de dogmatismo, se veían como productos marginales (lumpen-proletariad o), pasan a ser hoy la chispa que puede disparar cambios.
El descontento, la angustia por las pésimas condiciones de vida, el malestar generalizado siguen estando. Las políticas neoliberales de estos últimos años vinieron a potenciar todo ello. Si por un lado sirvieron para quebrar procesos organizativos, por otro ampliaron la masa de disconformes, y en mucho casos desesperados, que "no tienen nada que perder más que sus cadenas". De ningún modo puede decirse que el neoliberalismo fue una buena noticia para el campo popular pese a que puede haber abierto los ojos de muchos sectores. Creer eso sería incorrecto, y fundamentalmente: muy injusto. Pero es cierto que igualó hacia abajo a variados y enormes colectivos sociales, y ahora hay ahí un potencial de disconformidad, de descontento muy grande que debe saber usarse para encauzarlo con fines antisistémicos. Descontento, en ese sentido, mayor que el de algunas décadas atrás.
La lucha que tiene por delante un planteamiento de izquierda es grande; grande y sumamente difícil: ante ese enorme descontento generalizado, ante esta precarización que toca cada vez a más sectores, las propuestas clientelistas de la derecha o las salidas individuales de salvación que ofertan los proyectos religiosos cada vez más en boga, son una tentación. La lucha revolucionaria hoy en cierta forma se enfrenta a esa oferta, a una parálisis de pensamiento crítico, a estómagos vacíos con la incertidumbre de no saberse cuándo volverán a llenarse. Ese es un desafío grande, enorme: las fuerzas de la izquierda se enfrentan hoy a la desesperanza. Ese es, en un sentido, el peor de los enemigos.
El trabajo político en el campo popular ante esta bastante desoladora situación debe intentar recomponer una unidad entre los trabajadores hoy día sabiamente destruida. Son aquí elocuentes las palabras de Raúl Scalabrini Ortiz: "nuestra ignorancia fue planificada por una gran sabiduría". Parafraseándolo podría decirse, viendo la situación mundial actual, que "nuestra desunión fue planificada por una gran unión". El capitalismo, que ya no el neoliberalismo, se muestra en la actualidad, luego de la caída del muro de Berlín, como sistema monolítico. Por supuesto que tiene fisuras, que hace agua, que su expresión financiera a ultranza entró en crisis recientemente ocasionando pérdida multimillonarias; pero como sistema, insistimos, como gran capital globalizado, está aún lejos de caer. Pero no está escrito para la eternidad que no vaya a caer. Aunque el campo popular aparece hoy golpeado y bastante desorganizado, sigue estando presente. Y así como todo cambia, también las formas de lucha popular cambian. Lo que años atrás no se concebía sino como marginalidad -equivocadamente o no-, hoy puede ser un elemento de la más grande importancia por su potencial de transformació n. Es ahí, entonces, donde los planteos progresistas deben poner el acento.
Transformar revolucionariamente la sociedad, en definitiva, es eso: permitir abrir nuevas actitudes, nuevas visiones de lo humano, buscando mayores cuotas de justicia para todas y todos. Si el vehículo que posibilita eso es la clase obrera u otros sujetos sociales, ese no es el fondo último de la cuestión. Lo que sí está claro es que las sociedades basadas en la propiedad privada -invento bastante reciente en la historia de la Humanidad, con no más de 12,000 años de antigüedad-, es decir: basadas en la apropiación del trabajo de un grupo (siempre mayoritario) por otro (curiosamente siempre una minoría), crean necesariamente su germen de autodestrucció n. Por años se pensó que eran los que creaban la riqueza, los obreros industriales, los llamados a poner en marcha el cambio y la superación de esas sociedades clasistas. Hoy día podríamos decir, dada la curiosa arquitectura que fue tomando el capitalismo imperialista en su variante neoliberal post Guerra Fría, que son los expulsados del circuito de creación de riqueza los elementos de mayor explosividad social. Pero sean quienes fueran los que pondrán en marcha los cambios, esa conflictividad está ahí presente como bomba de tiempo; y tarde o temprano, la bomba se activa, estalla. La función histórica de las vanguardias políticas de la izquierda es saber cómo ayudar a iniciar ese proceso. Todo indica hoy que trabajar políticamente con ese amplio "pobretariado" es el camino más importante en la actualidad, quizá imprescindible. Trabajar para recrear esperanzas, solidaridades, perspectivas de futuro, y poder salir de la lucha por lo puntual, por la pura sobrevivencia.
El neoliberalismo imperante en estos últimos años, hoy en crisis, viene a demostrar en definitiva que lo que no tiene viabilidad es el sistema capitalista en su conjunto. Un mundo dividido en "integrados" y "sobrantes", además de ser un disparate en términos éticos -eso no admite discusión siquiera- es insostenible en términos políticos, a no ser que se elimine físicamente a todo aquel que sobra. Y si por último esa fuera la estrategia que anida en los planes maestros del gran capital, es decir: un mundo para una pequeña cantidad de población y la consecuente eliminación de todos los que "sobran", los que no "se integran", los "pobretarizados" del mundo que consumen recursos pero no pagan por estar excluidos del sistema económico, por razones de sobrevivencia elemental de nuestra especie no podemos permitirlo.

lunes, 15 de marzo de 2010

La lucha diaria

Suena el despertador 4 y media de la mañana, interrumpiendo un sueño mal dormido de escasas 5 horas. El cansancio nos retiene pero la urgencia nos levanta. Los músculos extenuados. la mente agobiada, los ojos cargados y un sueño pesado y agudo que ni el mate más amargo ni la ducha más fría pueden abatir. la vida se desenvuelve como una trágica repetición sin sentido, y ahí estamos de nuevo atravesando el barrio de noche. soportando el frío polar o la lluvia helada de esta madrugada obstinada en no volverse día, de esta vida emperrada en no mostrarnos sol. Y ahí estamos de nuevo, esperando el colectivo en la ruta con la infantil esperanza de viajar sentados y reconciliar el sueño por aunque sea 20 minutos, pero con la resignación de saber que volveremos a viajar parados y agolpados uno sobre otro como reces. Nos bajamos con otros condenados, con sus rostros gélidos y sus muecas de amargura atestiguan que corren nuestra misma suerte. Llegamos, fichamos la tarjeta y ahí estamos nuevamente, con la ropa de trabajo pestilente cargada hasta los huesos de resignación mezclada con grasa y aceite, envueltos en el ensordecedor sonido de las máquinas, agotando nuestra audición por un salario magro, volviendo duras y callosas nuestras manos, expuestos al accidente laboral que clínicamente llaman 'error humano'. Trabajamos como autómatas, con el confort y la tranquilidad que nos brinda el cartel de la ART pegado frente a la inyectora 'Haitan' que nos recuerda que en caso de perder un dedo podemos reclamar una prótesis de plástico a cuenta del patrón. O encorvados sobre el balancín ese viejo y pesado armatoste que se cierne como una amenaza sobre la integridad de nuestra mano. 'Un dedo índice cotiza muy bien', se comenta en el vestuario, alternando el energizante con la 'cafia con coca' entre los que vienen de otro trabajo. Somos material para la picadora de carne.

El piso del ring es duro y todo sea por no se knockeados, incluso la espalda rota de mulear cajas y bolsas en el depósito, los riñones hechos polvo, la piel llena de manchas por el soluble de los tornos que nos hace lucir decrépitos y enfermos, la viruta impredecible sobre el ojo o la cara, el vértigo en la obra, el cemento o la cal sobre las cejas, los zapatos de seguridad que no protegen, el miedo a la electrocución los pallet que desfilan inseguros sobre nuestras cabezas y la locura, el delirio, y la locura de la línea que no se detiene, los ritmos inhumanos, el reloj que nunca llega a la hora.

Vivimos con el miedo al informe médico que contenga las palabras impronunciables, esas que nos convierten en un mueble viejo y sin valor, en un montón de huesos incapaces de conseguir trabajo, en un máquina de llenar solicitudes y de patear agencias, en un cosa inútil e inservible. Hernia de disco, así se llama nuestra muerte, esa es nuestra peor pesadilla y nuestro último miedo. Cargamos con la sombra del hambre en una infancia o adolescencia no tan lejanas, mamá empleada doméstica y papá operario, hermanos en cualquiera, sumergidos en este caos inmundo que se llama capitalismo.

Nos tragamos la indignación con saliva mientras pensamos en nuestras familias, retomamos el ritmo de trabajo que nos impone la voracidad de nuestros patrones mientras volvemos nuestros brazos tendiníticos o y llenamos de laceraciones nuestros dedos. No somos nosotros, mientras trabajamos nunca somos nosotros, siempre somos para otros; soñamos despiertos con la idea de la fuga, adivinando el sol por una pequeña y sucia venta que nos sugiere la idea de una prisión.

Y entre ciclo y ciclo de la máquina, nuestra vida se escapa raudamente sin que podamos hacer nada. 9, 10, 12 horas o más, en blanco o en negro, o contratados de por vida, trabajando de lunes a sábado o toda la semana. 6 x 1, 7 x 2, esos son los códigos que tipifican nuestra esclavitud. Fate, Cheeky, Pepsico o Toyota se llaman nuestro carceleros (en el fondo tienen un sólo nombre: explotación). Manpower, Sistema's o Talsium se llaman sus administradores. Hirchner, Manem, Duhalde o De la Rúa sus garantes (también Zamora, Ripoll, Altamira y todos los que ambicionan y pretenden).

La palabra trabajo proviene del latín, más específicamente del término 'tripalium', que era como se denominaba a un instrumento de tortura utilizado en la antigüedad para castigar esclavos.

Suena la campana. Por hoy la tortura termina. Volvemos agotados en el bondi o en el tren a nuestras mansiones de lujo en nuestros barrios residenciales que se llaman La Pana, Los Troncos, Barrio San Jorge, Villa La Rana o San Pablo. Nos sentamos en el sillón y prendemos el televisor. El culo de Wanda Nara es la única opción entre los 80 canales que nos ofrece esta democracia. Mientras tanto, la muerte se nos mete por los ojos, por los oídos, por la nariz, se nos introduce por la conciencia y nos golpea el cerebro, y de a poco nos vamos haciendo más viejos, más insensibles, más indiferentes, más fríos.

Comemos sin degustar demasiado, tragamos; nos acostamos y, sin saber bien cómo, el reloj del despertador interrumpe nuevamente nuestro descanso, y la historia se repite otra vez.

Así la vida se pasa fugazmente, tratando de escapar de esta esclavitud diaria que se nos impone. Huir, ese s nuestro anhelo. Buscamos la libertad en las horas extras, en la cocaína, en una camiseta de fútbol, en un celular nuevo... pero en ninguna de esos lugares se encuentra. Sólo cuando vamos a la huelga, cuando tomamos la fábrica, cuando cortamos la ruta, cuando dejamos la máquina prendida y vamos ala asamblea a discutir de igual a igual con nuestros compañeros, ante la mirada atónita del capataz, del supervisor o del gerente, sólo cuando rompemos los esquemas y por fin somos nosotros, sólo ahí conocemos una partecita de la libertad.

Quienes escribimos esto somos obreros y obreras anarquistas. Nuestro ideal puede sintetizarse en una sociedad donde todos tengamos comida, techo, salud, afecto, instrucción libre y trabajo sano, poco cuantioso y útil a la sociedad, donde podamos realizarnos como individuos en la más perfecta libertad e igualdad, exentos de toda tutela moral, de toda autoridad política y de toda coerción económica. Esa sociedad se llama Anarquía, y es la contracara de esta muerte que se repite todos los días.

Tenemos la osadía de escribir una prensa sin ser universitarios ni literatos, en no pocos casos con el secundario incompleto, la ortografía renga y el estilo llano, con una poesía descarnada que tiene demasiado bar encima, mucha cicatriz, mucho malestar, mucho bolsillo flaco, mucha contravención, mucha literatura quemada, mucho rock, mucho amigo preso o muerto, mucha calle, mucho pasillo y un puñado de sueños que todavía peleamos por realizar.

Vaya esta publicación como aporte para la emancipación de los trabajadores, pues. Y vaya también nuestra promesa de que sabremos organizar la resistencia, difundir la idea, parar la línea, cargar la tinta y cargar las armas según sea necesario, extendiendo la solidaridad sin pedir nada a cambio, allí donde se lo precise. Y allí, precisamente allí, escondida tras la línea, en el aula sin ventanas o en el mórbido taller, en el depósito, en la obra o en la fábrica, escrita con bolígrafo en la pared del baño o en forma de anónimo volante, susurrada por lo bajo ahí donde el capataz no escuche, esquivando las cámaras de vigilancia o escondida en algún punto de la cadena de montaje, allí, la llama de la Anarquía palpita sin pausa, buscando hacerse fuego y extenderse por todas partes. Esperando encontrarnos en el corazón mismo del incendio, enviamos un caluroso abrazo a todos nuestros hermanos y hermanas de explotación, prometiendo que sabremos guardar como nadie el más preciado de los secretos: el de nuestra complicidad.

Periódico obrero anarquista 'La Huelga'

viernes, 11 de diciembre de 2009

Se acabó la joda


Finalmente, luego de haber sido llamados nuevamente los compañeros a una nueva instancia de juicio por una nueva apelación de la fiscal, la determinación fue muy rápida, los compañeros quedan en libertad y ya no serán llamados nuevamente con alguna nueva apelación extraña, traicionera e irónica como se vino manejando hasta ahora.
Una vez más, esta vez con menor convocatoria, demostramos que nuestra intención no es quedarnos callados mientras los nuestros están en riesgo de perder su libertad y lo hicimos por el mismo medio que nos acompañó desde el pasado 5 de octubre, el ritmo popular. Si bien insisto en que la jornada fue corta, agradecemos a todxs lxs compañerxs que se solidarizaron tanto ésta como las anteriores veces para hacerle el aguante a los compañeros llevados hasta el límite de poner en riesgo su libertad por un sistema opresor y que contradice a su propia carta magna de leyes.
No hay mucho más para escribir a demás de describir la felicidad que nos causa saber que se puede vencer a los carneros en su propio juego. Al momento de escuchar las palabras positivas de los abogados los golpes a los instrumentos percutivos y los aplausos en nombre de la libertad lo hacen a uno pensar que la resitencia existe y redundantemente resiste.
Salud a todxs lxs luchadores.

Humildemente, les dedicamos a todos los que armaron este circo la imagen a su derecha y por si no cazan les decimos, Fuck you! (Lo cual puede ser traducido al español como 'Váyanse a la mierda')

"Es peligroso tener razón cuando el gobierno está equivocado."

Voltaire.

miércoles, 9 de diciembre de 2009

Garanticemos la libertad de Oscar y Maxi


Otra vez y casi sin sorpresa los compañeros Oscar Furchi y Maximiliano Verón, enjuiciados por 'daño de la propiedad pública' y 'resistencia a la autoridad' durante la actividad en la plaza Martín Fierro algunos meses atrás, fueron llamados a juicio oral. Hasta ahora es desconocida la razón por la cual podrían llegar a ser imputados los compañeros, pero como vemos, el enjuiciamiento y la criminilazación por la protesta no se acaba. Esta vez al ser en otro juzgado, el encargado de sentenciar o liberar a Oscar y Maxi será diferente al anterior, o sea, un juicio nuevo y distinto (irónicamente en la calle Libertad).

Sabemos que la presión de los manifestantes al ritmo de bombos, redoblantes y cánticos es importante a la hora de tomar una decisión y afecta positivamente al desarrollo del juicio para con nuestros compas, por eso es que se convoca a todo aquel que quiera caminar por un espacio público sin la necesidad de ser limitado por una reja y todo aquél que sienta que puede ser un próximo enjuiciado, porque sabemos que este juicio no es sólo para Oscar y Maxi, es para todos.


Convocamos a todxs lxs compañerxs el día viernes 11 a las 9 30 Hs en la Nueva sede de la Cámara de Apelaciones en lo Penal Contravencional y de Faltas del Poder Judicial de la Ciudad de Buenos Aires ubicada en la calle Libertad al 1042 para garantizar la libertad de los compañeros Oscar Furchi y Maximiliano Verón.


'La idiotez es una enfermedad extraordinaria, no es el enfermo el que sufre por ella, sino los demás.'

Voltaire


Basta de criminalizar la protesta!

lunes, 19 de octubre de 2009

(...)La libre absolución de los compañeros!



El pasado miércoles, jueves y viernes 15, 16 y 17 de ocubre respectivamente se concretó el juicio de los compañeros Oscar Furchi y Maximiliano Verón por la ya conocida crimininalización de la protesta. La convocatoria parece haber tenido algo de efecto ya que los compañeros en la puerta del 'poder judicial de contravencional y de faltas' (no creemos que merezcan ninguna palabra con mayúscula) fue interesante.


Alrededor de las 10:00 hs del viernes, último día del juicio, los compañeros entraron al edificio a que testigos, abogados, fiscal y juez 'forjen su futuro' de libertad o encierro. A esas mismas 10:00 hs enmpezó la manifestación de apoyo y aguante por parte de los convocados y convocadores para con los enjuiciados con canciones, bombos, redoblantes y hasta un cencerro, todo esto, por supuesto, bajo el 'control' de la policía que se encontraban del otro lado de su vayado.


Luego de 3 horas y media esperando impacientes por el veredicto de la corte, por la puerta aparecieron los acusados y sus abogados, y con el silencio absoluto se escucharon las palabras de uno de los abogados que eran las siguientes: 'Compañeros, la corte ha dado su fallo, y éste es la libre absolución de los enjuiciados'. Los gritos, aplausos y golpes a los instrumentos percutivos no se hicieron esperar en un festejo por la absolución que creímos nuestra.


El final de la historia es feliz, nuestros compañeros siguen en libertad, pero sabemos que ésta no fue la última privatización de espacio público ni la última jugada del gobierno macrista para quitarnos lo que todavía no nos han quitado y para enjuiciarnos por resistirnos frente al avasallamiento de nuestra libertad. Por esto es que alentamos a seguir la lucha en la calle. !Pensá, hablá, gritá, defendete y peleá!





OTRA NOTICIA PARA NADA MENOS IMPORTANTE:



El compañero de Dana Spicer Martín Cogo se encuentra internado luego que fue asaltado y herido de bala el viernes ultimo, debido a su estado se necesitan con suma urgencia 15 dadores de sangre de cualquier tipo y factor, presentarse en el hospital de trauma y emergencia de Malvinas Argentinas ubicado en Miraflores y ruta 197 a 2 cuadras de estación Pablo Nogues, servicio de hemoterapia de lunes a sábados a partir de las 7: 30 hs con documento y ayuno de 6 hs. Confiamos en la solidaridad de todos. Favor de difundir. Desde ya muchas gracias.

Informes 0800-666-2258